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Tether: Deall Hall 2ª sesión

«Tether» es un juego de rol único en su clase, diseñado para dos jugadores que se comunican entre sí mediante la escritura de correspondencia, similar a un diario. La peculiaridad de Tether radica en que los personajes de los jugadores viven en épocas distintas, pero logran comunicarse a través de este diario mágico. A través de esta correspondencia, deben colaborar para resolver los problemas que enfrentan en sus respectivos tiempos.

Esta es la segunda parte de Tether: Deall Hall. Aqui teneis las dos siguientes entradas en el diario de Will y Gerald.

Tercera anotación en el diario

(3) Día 07/02/2000 (5)

Encantado de conocerte, Gerald, un placer. Disculpa, pero sigo alucinando de que estés en otra época y que, además, conoces a mi abuelo. ¡Increíble! Salúdalo de mi parte. Bueno, mejor no, no vaya a ser que rompamos la continuidad del espacio-tiempo y esas cosas de científicos. A ver si no voy a nacer y no podremos mantener estas conversaciones…

Siento mucho decepcionarte, pero ni la Luna, ni Marte, ni vehículos voladores. Somos los mismos esclavos de un sistema capitalista que nos embriaga con cantos de sirena de una vida mejor, arrastrándonos a una vida cruel de infelicidad y esclavitud encubierta para poder tener lo que realmente no necesitamos. Pero bueno, no me hagas caso, en unos años lo entenderás.

Pues sí, habla con mi abuelo a ver qué te puede contar sobre el ballenero. Un consejo, no hagas una aproximación directa. Tienes que conseguir que te lo explique él por voluntad propia, ya que, si es un tema oscuro, no te lo explicará. Hazme caso.

Ojalá mi padre hubiera sido la mitad de persona que él. Si tus padres son buenos contigo, tienes que corresponderles adecuadamente, Gerald, y cuida de tu hermanita. Espero que pronto se le vayan esas pesadillas. ¿Crees que ella puede tener alguna clase de ultra sensibilidad y lo que sea que se está moviendo por las entrañas del pueblo le esté afectando de alguna manera? No te quiero asustar, solo prevenir.

Hablando del pueblo, últimamente el ambiente se está enrareciendo y no hablo de mi visión del otro día. Sabes, desde entonces no he tenido valor para ir al mar si no es a plena luz del día. Necesito un poco más de tiempo para recuperarme. Aún se nota la quemadura en el alma.

Lo que sí hice fue armarme de valor e ir al pie del faro de Cabo Caido. Si de lejos da mal rollo, de cerca mejor ni te cuento. Horroroso, nauseabundo y terrorífico. Tiene unas dimensiones ciclópeas para ser de un pueblecito como este. Está formado por una amalgama de restos metálicos del ballenero y piedra negra como la noche, parece ser, extraída de los acantilados de Drifol. Lo que más frío me dio fue contemplar cómo toda la estructura supura un icor viscoso de un color verdoso insalubre.

Pero, volviendo al tema del pueblo, el otro día hubo un enfrentamiento, por suerte no llegó a más que una disputa verbal, pero me hizo cavilar. Todo sucedió hace un par de días, al atardecer. Después del oficio en la capilla de Nuestra Señora del Carmen, miembros de la familia Getty se enfrentaron con miembros del consistorio.

Parece ser que todo responde a la orden de expropiación forzosa que planea sobre la antigua fábrica conservera de los Getty. Dicen que les pagan muy por encima de su valor real y que pueden estar más que contentos, pero ellos se resisten enérgicamente.

No lo entiendo, hace años que está cerrada. El ayuntamiento la quiere para derruirla y construir unas instalaciones para personas mayores. No te lo he dicho, pero el pueblo ahora se ha convertido en una especie de lugar de retiro para personas de la tercera edad.

¿Qué motivo deben tener los Getty para no querer hacer el negocio del siglo con la vieja fábrica? Me dijiste que tus padres trabajan allí, ¿no? ¿Te han comentado algo sobre ella? No sé, ¿alguna cosa que esté fuera de lugar?

La cosa no terminó ahí. Los miembros del consistorio se enfurecieron y amenazaron con revisar la legalidad de una especie de construcción que los Getty tienen en una isla de su propiedad llamada Foulness.

Este enfrentamiento ha traído malestar al pueblo, el ambiente está enrarecido y la población está dividida entre los partidarios de los Getty, es decir, los que viven gracias a ellos y los que no. Y en medio estoy yo, ¡ja ja! Que no me tienen bien visto por ser de fuera… en fin, ¿qué le vamos a hacer?

A ver qué podemos ir descubriendo sobre lo que está pasando en el pueblo.

Cuida de tu hermanita y, sobre todo, no te fíes de nada ni de nadie. No sé a qué nos enfrentamos, pero tengo un mal presentimiento.

Tu amigo y compañero,
W.

Cuarta anotación en el diario

(4) Día 05/04/1970 (carta As)

Hola Will, me reconforta ver que has vuelto a escribir. Cada día miro las páginas de este viejo diario, por si has escrito algo. Eres mi amigo de más allá del tiempo, suena extraño, pero me gusta.

¿Sabes? El día después de que me escribieras, fui a la playa a la hora del atardecer para ver si encontraba al viejo Ransome. Es la hora en la que recoge la red de pesca y arregla el barco. Seguro que es el que tú tienes, pero treinta años más viejo, claro. Debes saber que tu abuelo lo cuida como si fuera un tesoro. Es el que más brilla de todo el puerto. Se enfurece mucho cuando ve algún desperfecto nuevo. Mejor no estar allí cuando eso pasa; lo he visto una vez, créeme si te digo que salen rayos y truenos de su boca. Bueno, me gusta contarte estas cosas para que así puedas tener más recuerdos de él.

Toma una silla, Will, esto te sorprenderá.

Tal y como pensaba, lo encontré trabajando y me acerqué. Estaba como enfadado y murmurando en voz baja. Al verme, me pidió si podía darle una mano para recoger la red y guardarla. Yo encantado, me puse manos a la obra. En un abrir y cerrar de ojos, lo tuvimos todo listo. Entonces lo vi sonreír. «Chico, te lo has ganado bien. Si me acompañas a casa, te pondré un vaso de la mejor limonada del mundo, la hace mi mujer», dijo todo satisfecho, encendiendo su pipa de marinero.

Mientras caminábamos, me contó que a su hijo John no le gustaba el trabajo de pescador y que había encontrado un buen trabajo en no sé qué ciudad. «Mi hijo quiere irse de Deall Hall, dice que se le queda pequeño y que nunca se dedicará a la pesca y mucho menos trabajará en la fábrica de los Getty». Llegamos a tu casa… no, a la casa de tu abuelo, pero también es la tuya… ¡vaya lío me estoy haciendo! Ahora lo entenderás, Will.

La limonada de tu abuela es excepcional y las galletas fantásticas. Mientras el viejo Ransome y yo disfrutábamos de esa merienda, tu abuela entró en la cocina con un bebé en brazos. A tu abuelo se le iluminó la cara, se levantó de la mesa y lo tomó en sus manos. «Mira Gerald, este es mi nieto William, William Ransome, pero le decimos pequeño Will», me dijo.

Yo me quedé quieto como un pasmarote, mirando al bebé. Me vino a la mente aquello que me dijiste de romper el espacio-tiempo. Casi me explota el cerebro. Pensaba que todo saltaría por los aires y que el pasado, presente y futuro se mezclarían como en las novelas de ciencia ficción. No pasó nada, por suerte. «¡Eh Gerald! ¿Te encuentras bien? Estás pálido. Solo es un niño pequeño». Tu abuelo me vio tan afectado que dijo si quería escuchar alguna de sus historias. De repente, como si alguien hubiera pulsado un interruptor dentro de mí, me vino a la mente la imagen del faro. «Sí, señor Ransome, cuénteme todo lo que sepa del viejo faro de Cabo Caido».

Y allí estábamos, tú con dos años y yo, escuchando a tu abuelo contar la historia del viejo faro.

Me contó que él apenas tenía diez años cuando en el pueblo sonaron las campanas para avisar que había ocurrido algún tipo de desastre marítimo. De inmediato, llegaron voces al pueblo de que un ballenero había encallado cerca del Cabo caido. Un pequeño grupo, en el que estaban tu bisabuelo y tu abuelo, fueron a husmear en el lugar de la catástrofe. Cuando llegaron, ya era de noche, pero se veía el barco medio escorado sobre los escollos. Pero lo más curioso, según los comentarios de todos los que estaban allí, era el inmenso agujero que había en el costado de babor, próximo a la proa. Decían que eso no era normal, que no se había producido por el choque con los escollos. Según decían los más expertos, aunque en Deall Hall no eran muy entendidos en ballenas y balleneros, el agujero estaba justo en la parte que correspondía a la bodega y la brecha parecía hecha de dentro hacia fuera.

El rescate marítimo se hizo cargo de la situación, pero solo pudieron encontrar a dos marineros vivos. Poco después, en el pueblo, nos enteramos de que murieron en un hospital de Londres. Es decir, de la tripulación no sobrevivió nadie. Curioso, ¿verdad?

Dos pescadores que estaban trabajando por la zona del cabo decían que vieron todo el incidente desde la distancia. Según ellos, se oyó un sonido metálico muy fuerte y al mirar hacia la nave, vieron un gran agujero cerca de la proa del barco. De dentro salió algo, no tenían ni idea de qué, decían que se sumergió en las aguas dejando como un rastro de humo o niebla negra. Fue entonces cuando la nave encalló. Ambos coincidían en el mismo relato, aunque iban en barcos diferentes. Pero eran pocos los que los tomaban en serio. Recuerdo que dijiste que viste lo mismo esa noche que saliste con la barca. Estoy seguro de que no era ninguna ilusión, Will.

Las noticias corrían como la pólvora encendida. En el pueblo solo se hablaba del «Smeerenburg». Bueno, pocas noticias y muchos rumores: el extraño agujero en la bodega de babor, la muerte y desaparición de toda la tripulación y la historia de los dos pescadores. Todo eso envolvió al ballenero noruego en un aura de misterio un tanto siniestra, que oscureció la alegría del pueblo.

Pasado un tiempo, ninguna naviera reclamó el barco y entonces el ayuntamiento decidió quedarse con él y reconstruir el viejo faro de Cabo Caido.

Los Getty presionaron mucho al ayuntamiento para que les concediera la licitación, para así poder hacerse cargo de la reconstrucción del antiguo faro. Fue un asunto algo turbio. Decían que querían hacer un regalo al pueblo y que asumirían todos los costos si el ayuntamiento les cedía el ballenero para poder reutilizarlo en el faro. «Será una obra magnífica», decía el viejo Jeremiah Getty siempre que salía el tema. «Utilizaremos la piedra negra de Drifolt y el acero noruego del barco. Será una obra única, digna de Deall Hall».

El viejo Ransome me dijo que hubo muchos contratiempos al momento de reconstruir el antiguo faro, incluso algunas muertes y trabajadores que enloquecían de manera repentina, sin razón aparente.

Todos esos incidentes se comentaban por todos lados. Unos decían que era culpa del barco, que estaba maldito. Otros que la piedra de Drifolt no era para eso, que era demasiado poderosa y traería mala suerte. También decían que los Getty tenían algún tipo de interés oculto. Ya ves, todo un batiburrillo de cosas.

Tu abuelo me dijo que eso era todo lo que él conocía del faro. Si quería saber más sobre el tema, podía consultarlo en la biblioteca de la escuela Charterhouse. Es donde el ayuntamiento tiene el archivo histórico de Deall Hall.

¿Sabes Will? La escuela es muy antigua, fue un regalo del rey Jorge II en 1756. Siempre me he preguntado por qué una escuela tan grande para un pueblo tan pequeño. Solo es curiosidad.

Después del relato del abuelo Ransome, te quedaste dormido en sus brazos y yo me fui a casa.

Ya era de noche y me quedaba un buen tramo por recorrer. Seguro que mamá y papá estaban preocupados. Mientras caminaba por las calles, pensando en todo lo que me había contado tu abuelo, tuve una extraña sensación. Sentía como si toda la gente con la que me cruzaba me estuviera mirando, pero cuando yo los miraba, no era así y cuando dejaba de mirarlos, volvía a tener la misma sensación. Me sentía constantemente observado. Tenía miedo, era como una sensación pesada que me oprimía el pecho. Pronto se convirtió en una especie de asfixia, como si solo un minúsculo hilo de aire llegara a mis pulmones, me estaba ahogando.

Todo a mi alrededor comenzó a girar. Me detuve, recuerdo la frialdad de la pared en la que me apoyé. «¿Qué te pasa, Gerald? Cálmate, cálmate», me repetía a mí mismo. Pero la frialdad de esa pared se fue extendiendo por todo mi cuerpo, como si miles de cristales de hielo me envolvieran.

A mi alrededor, todo era gris. Una espesa neblina lechosa se movía a mi alrededor, dibujando extrañas formas, como almas en pena que bailaban en silencio. Algunas de ellas les podía distinguir una cara difusa, incluso me resultaban familiares, era triste, muy triste. Quería llorar, pero el miedo me tenía paralizado. Poco a poco, la grisura se fue oscureciendo hasta ser un negro intenso, profundo.

Muy lentamente, las formas a mi alrededor se fueron desvaneciendo y entrelazándose. Yo estaba muerto de miedo, ya no sentía ni el latido de mi corazón, no era capaz de moverme. De repente, una imagen tomó forma delante de mí. La vi, Will, era ella, era su cara, estoy seguro. Anabel me miraba como quien mira hacia ningún lugar. Sus labios se movían, decía algo, pero yo no podía escucharla. Intenté leer sus labios… De repente, como un trueno, su voz resonó en mi cabeza. «Corre, Gerald, corre. Vuelve a casa, él aún no te ha visto». Comencé a correr y no sé cómo, me encontré delante de la puerta de mi casa.

Quiero pensar que eso fue una pesadilla. Aunque dudo de mí mismo, sé que lo vi, Will. Aunque al llegar a casa, Anabel estaba sentada a la mesa con los padres, cenando, tan tranquila, como si nada. Tengo miedo, mucho miedo.

Will, ¿sabes cuando tienes esa sensación de que alguien sabe algo, pero no es consciente de que lo sabe? Pienso que a Anabel le pasa algo. Las noches se las pasa inquieta, entre pesadillas y sudores, mientras yo la miro preocupado. He conseguido descifrar algunas de las palabras que murmura.

Muchas veces nombra el faro, luego dice el nombre de la abuela Hellen y se pone contenta, duerme un rato y de repente abre los ojos diciendo «es muy pequeño». Grita mi nombre entre sueños, pero yo estoy allí a su lado y no deja de llamarme. Todo es muy extraño, Will. Los padres están preocupados, ¿sabes?

Por las mañanas se despierta fresca como una rosa y está feliz y contenta. No lo entiendo. Tal vez es lo que tú dices, Will, tal vez ella percibe lo que está pasando y no lo sabe, ¿o sí? ¿Qué puedo hacer, Will? Seguiré vigilándola por las noches.

Por cierto, papá dice que en la fábrica hay un sótano al que solo entran los Getty. Dice que los cimientos de la fábrica están hechos con la Piedra Negra de Drifolt. Todos los trabajadores comentan que es el secreto de la fortuna de los Getty. Curioso, ¿verdad?

Ahora que hablamos de los Getty y sus propiedades, ¿sabes que en la isla de Fullness es donde tienen su panteón familiar? Hace siglos que todos los de la familia son enterrados allí. Creo que el ayuntamiento de tu época hace mal en amenazarlos con revisar el panteón.

Ya es tarde, Will, tengo que ir a ver a Anabel, siento cómo habla, ya está soñando otra vez.

Gerald.

P.D.: El domingo, después del oficio, conocí a la hija pequeña de Paul y Adriana Getty. Se llama Olivia, es un poco callada, pero es muy guapa.

 

Hasta la próxima entrega

Gracias por compartir

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