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Traición

Parecía que la saga que inició en Korriban había llegado a su fin, pero no; sorpresivamente, el merecido descanso del grupo de héroes aún no va a llegar.

 

En su viaje de regreso, la nave del grupo recibe una comunicación. El alto mando rebelde tiene sospechas de que hay infiltrados imperiales, y que intentarán recuperar los anillos.

Por este motivo no van a reencontrarse con la flota, sino que serán enviados a una pequeña base de investigación secreta, de la cual reciben las coordenadas de astrogación.

 

Horas después, la llave llega a las coordenadas establecidas. Aparece delante de él un cinturón de asteroides en un sistema sin nombre. Apenas tienen tiempo a situarse, cuando detectan que están siendo escaneados.

Segundos después, el escaneo se detiene y una comunicación en una frecuencia conocida se inicia. Se comprueban datos de acceso y se autoriza a la nave a aterrizar en la base.

En el mismo hangar, una docena de rebeldes pertrechados de forma heterogénea, algunos con una simple pistola blaster, otros con rifles y armaduras, les está esperando. En el centro del hangar, un oficial de rango medio ocupa una posición destacada entre la tropa.

Una vez que el desembarque se ha completado, el oficial, un capitán que se presenta como Soren Reed, se acerca al grupo. Saluda formalmente, agradece sus servicios y pide los anillos de Vaale, enfatizando la necesidad de mantenerlos seguros.

 

 

Acto seguido, ofrece al grupo libre acceso a la base, los servicios de la enfermería si fueran necesarios y un lugar para descansar cómodamente.

El grupo puede pasearse por la base, explorarla, hablar con la gente, jugar al Sabacc o al Dejarik en el comedor, incluso trapichear algo de contrabando con alguno de los rebeldes. Nada mas ocurre el resto del día.

 

Pero a medianoche, cosas pasan. Cuando la mayoría de los habitantes de esta base se encuentra durmiendo plácidamente, una explosión sacude el asteroide. Las alarmas suenan, todo el mundo se despierta.

Si el grupo se decide a levantarse, equiparse y salir de la habitación asignada, encontrará caos en los pasillos; en este punto, las luces de alarma y su sonido estridente marcan la escena. Cuando se crucen con cualquier rebelde, les dirá que deben presentarse al centro de mando.

Si no saliesen o dudasen, serían llamados por el comunicador y convocados al centro de mando.

 

Una vez en el centro de mando, en el cual casi no entra nadie más, se encuentran a la base al completo, una treintena de personas de varias especies rodeando al capitán Reed.

Al ver que han llegado todos, el capitán explica la situación. Hay un espía imperial entre nosotros. Una serie de explosiones han ocurrido en el hangar. Las naves presentes han sido destruidas y el campo de fuerza ha sido saboteado. Mientras dice esto, mira uno de sus oficiales que, interactuando con un terminal, activa una proyección holográfica del hangar, en la cual se ven restos de naves y cargamento flotando sin gravedad, y claros signos de explosiones en el suelo y en las paredes de roca. La mayoría del material que estaba en el hangar ahora está flotando en el espacio.

En ese mismo momento, otro oficial, que está en otra terminal, levanta la voz y dice:

—Capitán Reed, tenemos otro problema más grave, alguien ha enviado una transmisión justo antes de la explosión en el hangar.

—Sellen la base, aunque ahora mismo nadie va a ir muy lejos sin una nave —dice Reed—, peinad la base, en parejas, informadme directamente de cualquier comportamiento sospechoso y quiero seguridad extra en los laboratorios. Y quiero saber desde y hacia dónde ha ido esa transmisión.

Una vez que todo se pone en movimiento y todos se dirigen a sus puestos, el capitán mira hacia el grupo y les hace una señal para tener una conversación privada.

—Tenemos que revisar las grabaciones holográficas del hangar y encontrar al responsable. Confío en vosotros —dice mientras entrega al grupo cilindros de códigos.

Dichos cilindros permiten al grupo acceder a toda la base y a sus sistemas.

 

Pasada esta escena, el grupo debe decidir cómo proceder; tiene por delante tareas que requieren su completa atención.

Tienen varias opciones por delante: examinar las holograbaciones del hangar, ir al hangar (en trajes de vacío hasta que se hagan las reparaciones necesarias) o ir a los laboratorios para asegurarse de que los anillos sigan estando ahí.

 

 

Ultima imagen de las grabaciones del hangar antes de la explosión.

 

Esquema del nivel superior (Hangar)

 

Esquema del nivel central (Mando + Cuarteles)

 

Esquema del nivel inferior (Reactor + Laboratorios)

 

– Revisión de las holograbaciones:

Cuando el grupo decida revisar las grabaciones, ya sea para saber que ha pasado o buscando al saboteador. Lo único apreciable mas allá de lo obvio, pudiendo llamar la atención si el jugador sabe lo suficiente sobre el funcionamiento de hangares y los usos de los droides asociados (es algo a lo que la gente no suele prestarle atención). Es que un droide astro mecánico, en solitario y sin que nadie le de ninguna instrucción va pasando de nave en nave, de tanques de combustible a células de energía para naves, como buscando algo, hasta que parece que ha encontrado lo que buscaba.

En ese instante, rotando su cabeza como vigilando que no sea visto, el droide empieza a interactuar con un conjunto de células de energía de tamaño considerable. Quien esta operando el terminal de seguridad, puede intentar amplificar o buscar en las grabaciones, dando como resultado imágenes que claramente muestran que el droide esta saboteando las baterías para que se sobrecarguen.

Una vez el droide ha terminado, se puede ver como se aleja del lugar y se dirige al campo de fuerza que mantiene el hangar presurizado y simplemente se queda ahí hasta que la explosión tiene lugar y se pierden las imágenes.

 

– Visita a los laboratorios:

Si el grupo va inmediatamente a los laboratorios, en el nivel inferior, la escena es la siguiente:

Al salir del elevador el grupo se encuentra con los refuerzos de seguridad enviados por orden del capitán Reed que están custodiando los accesos al nivel. Llegando a la puerta del laboratorio principal, rápidamente el grupo se percata de que algo no va bien.

En el interior, hay dos científicos en el suelo, muertos o inconscientes como mínimo, y en el fondo, la cámara de estasis donde estaban guardados los anillos se encuentra abierta y vacía.

Las holocámaras del laboratorio han sido desactivadas y no hay nada que pueda encontrarse ahí.

 

– Visita al hangar:

Si deciden ir al hangar, enfundados en trajes de vacío, la imagen de destrucción es impactante, parece ser que el droide sabia lo que hacia y ha encontrado un buen punto para causar una reacción en cadena; entre combustible, naves, armas guardadas, no ha quedado nada entero a simple vista.

Restos de naves, piezas, cajas de almacenamiento que no llegaron a ser absorbidos por la descompresión flotan por doquier. Mas allá de confirmar que no queda nada entero, salvo una vieja lanzadera que estaba en el fondo mas alejada de resto de naves, en la zona de reparación. Aun asi dicha lanzadera se encuentra visiblemente dañada.

 

 

Durante la realización de las opciones previstas, y las no previstas, (cuando han investigado dos de los caminos posibles) uno de los oficiales de la base junto a Reed, se acerca al grupo y les informan de que la transmisión saliente que detectaron, utilizó sistemas de cifrado imperiales. Sabiendo eso, solo es cuestión de tiempo de que el imperio haga acto de presencia.

El capitán informa que ha enviado un mensaje a la Alianza solicitando medios para evacuar la base, pero antes de poder evacuar hay que encontrar al infiltrado y los anillos.

Empieza la cuenta regresiva.

En este punto el grupo debe encontrar caminos alternativos o complementarios para continuar la investigación. Desde revisar grabaciones mas antiguas, rastrear los movimientos del droide antes de lo visto en el hangar, o ver si alguien que debería estar en la base no se encuentra presente.

Mientras el grupo busca a fondo la base, adentrándose por corredores de mantenimiento poco transitados en los niveles inferiores, se topan con una escena perturbadora. En un pasillo apartado, al final de una curva, yace el cuerpo de un hombre. A primera vista, parece ser un miembro del personal, pero sin identificación visible, Reed informa que era un ingeniero prácticamente nuevo en la base.

Un examen más detenido revela signos innegables de suicidio: la posición del cuerpo es deliberada, una expresión de profunda tristeza se dibuja en su rostro, y una pequeña dosis de un tranquilizante potente ha sido detectada en su sistema.

Cerca del cuerpo, encuentran herramientas básicas para programar / reprogramar droides y computadores, un comunicador, y un equipo de cifrado de comunicaciones. No hay rastro de los anillos.

 

Minutos después, dejando un poco de tensión en medio, llaman al capitán por el comunicador, se pide que vayan a la enfermería, uno de los científicos ha recuperado la consciencia.

 

El científico, aún visiblemente afectado por su encuentro con el saboteador, describió con dificultad lo ocurrido. Reveló detalles sobre su apariencia – un hombre de aspecto común, sin características distintivas –, y cómo éste lo abordó bajo pretextos de revisar los sistemas de seguridad de la cámara de estasis. Recordó vagamente una descarga de energía antes de perder el conocimiento, y confirmó la presencia del droide astro mecánico acompañando al saboteador.

Al salir de la enfermería, Reed se dirigió al grupo con una expresión sombría. “Tenemos un nombre,” anunció, mostrando un holograma que presenta los datos básicos del saboteador: Kael Vorath, ingeniero de sistemas recién transferido a esta base desde una estación minera remota en el Borde Exterior. Su perfil era escueto, casi inexistente, lo que sugería un esfuerzo deliberado para ocultar su pasado.

“El droide,” añadió Reed, “Ese maldito droide debe ser importante. Si Kael Vorath lo programó, ese droide debe estar relacionado con todo esto de los anillos. Y si el Imperio está rastreando la transmisión…” Reed hizo una pausa, con gesto de frustración, “No sabemos a qué transmisión se refiere, pero es evidente que algo ha sido transmitido desde este puesto y el droide es parte de este plan.” La tensión era palpable; cada sombra parecía albergar una amenaza.

 

Nuevas Opciones y Decisión:

– Rastrear la Última Trayectoria del Droide Astro Mecánico: El grupo podría buscar patrones de movimiento, puntos de contacto o lugares donde el droide pudo haber descargado datos antes de ser capturado. Dificultad (15).

Éxito: Confirman que al salir del laboratorio el droide fue directamente al hangar principal y provoco la explosión.

 

– Profundizar en las Investigaciones sobre Kael Vorath: ¿Qué motivó su transferencia? ¿Quién lo recomendó y por qué? Un análisis más exhaustivo podría revelar conexiones ocultas. Dificultad (25).

Éxito: Descubren que la transferencia de Kael Vorath fue orquestada desde una fuente dentro del Senado Imperial con la ayuda de traidores en la Alianza, implicando un nivel superior de conspiración.

Fallo: Alertan a los implicados en el nivel superior de que alguien ha descubierto esta conspiración.

 

– Analizar a Fondo el Panel de Comunicaciones: Un experto en sistemas podría buscar las modificaciones realizadas por Kael Vorath y tal vez incluso recuperar datos borrados. Dificultad (25).

Éxito: Identifican un programa de auto-destrucción instalado en el panel, diseñado para eliminar cualquier rastro de la transmisión que se realizó. Recuperan un mensaje crucial: Kael Vorath confirma a su contacto imperial que los anillos de Vaale están de camino.

Fallo: El panel explota y hiere a la persona que lo estaba manipulando.

 

 

 

Tras analizar a fondo los registros del panel de comunicaciones, habiendo superado la dificultad necesaria, el grupo descubre una secuencia oculta: una transmisión de emergencia enviada justo antes de la explosión. “Creo que el droide no es solo una herramienta,” afirmó, «sino el objetivo real.” La transmisión contenía coordenadas estelares codificadas y un mensaje corto en código binario que se traduce como: “Proyecto Orión activado.”

También descubren la frecuencia que emite el localizador que lleva instalado el droide. Una rápida comprobación les confirma que sigue activo, y que no esta en la base.

El grupo ahora se enfrenta a la inquietante verdad: Kael Vorath no estaba simplemente buscando información; estaba transmitiendo instrucciones para activar algo llamado “Proyecto Orión”. Y el droide, sin duda, contiene más datos sobre este misterioso proyecto.

 

Tras esta revelación, Reed se dirige al grupo con un semblante determinado: “Parece que encontrasteis la clave. No podemos permitir que ese droide caiga en manos imperiales. La que posee es demasiado valioso.”

Recordando la vieja lanzadera de situada en el hangar destruido, apenas funcional pero susceptible de ser reparada rápidamente. “Ustedes irán tras él. El resto se encargará de preparar la evacuación y rezar para que la Alianza llegue antes que el Imperio.”

 

El Tac-Poc, con sus motores tosiendo y su chasis lleno de parches improvisados, se adentró en el vacío. El grupo rastreó al droide astro mecánico a través del campo de asteroides, pero no lograron interceptarlo antes de que una patrulla imperial lo detectara. Vieron cómo era arrastrado hacia un crucero Imperial mucho más grande, perdiéndolo de vista entre sus luces parpadeantes.

El grupo, sin opción alguna, intentó escapar también, pero fue demasiado tarde. Una sombra imponente se materializó frente a ellos: el crucero Imperial los había enlazado con sus rayos tractor y comenzaba a arrastrarlos hacia su interior. No era una trampa deliberada; simplemente, una desafortunada coincidencia.

Al ser apresados por los tractores, un oficial imperial comunicó desde la nave: “Nave no identificada detectada. Iniciando protocolo de abordaje.”

La Tac-Poc fue amarrada con seguridad dentro del hangar principal del crucero Imperial. Las compuertas se cerraron lentamente, dejando al grupo encerrado en su pequeña y destartalada lanzadera. A través de las escotillas pudieron ver la imponente estructura metálica que los rodeaba, iluminada por luces frías e implacables.

Decenas de soldados de asalto imperiales, bien armados, se posicionaron a lo largo del hangar, observando con desconfianza la nave prisionera. Aún no habían abierto las compuertas, esperando instrucciones superiores sobre cómo proceder con sus ocupantes.

El destino del grupo pendía de un hilo, atrapados en el vientre de una máquina de guerra imperial, sin saber quién era Kael Vorath ni por qué lo buscaban tanto, o qué significa “Proyecto Orión.”

 

 

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