Tether» es un juego de rol único en su clase, diseñado para dos jugadores que se comunican entre sí mediante la escritura de correspondencia, similar a un diario. La peculiaridad de Tether radica en que los personajes de los jugadores viven en épocas distintas, pero logran comunicarse a través de este diario mágico. A través de esta correspondencia, deben colaborar para resolver los problemas que enfrentan en sus respectivos tiempos.
Esta es la sexta parte de Tether: Deall Hall. Aquí tenéis la siguiente entrada en el diario. Corresponde a Gerald.
(8) Dia 07/05/1970 (carta as de diamantes)
Calle de la Fuente, la casa es el número 1, es una casita de dos plantas con un pequeño jardín, muy bonita, mi padre la tiene muy bien cuidada. Es donde vive mi familia. Estoy desesperado, Will, porque no sé si ella estará viva en tu tiempo. ¡Tiene que estarlo! No sé si en el futuro Anabel vive en el pueblo o si se ha ido a vivir fuera, pero lo que quiero saber es si está viva. Intenta localizarla. Ahora debe tener unos treinta y seis años, quiero decir, en el tiempo en el que tú vives, en el año dos mil, debe tener esa edad. Encuéntrala, Will. Así sabré si ha sobrevivido. Hazlo por mí. Tengo mucho miedo de que le pase algo a Anabel.
Perdona, ni siquiera te he saludado. Pero lo que ha pasado ha sido tan revelador como estremecedor. Ahora te necesito más que nunca, amigo mío. Déjame que te cuente todo lo que me ha sucedido.
Al día siguiente de nuestra visita a la biblioteca de la escuela, Anabel tenía que terminar su peculiar trabajo, que curiosamente era muy revelador para lo que tú y yo tenemos entre manos. Además, yo tenía una gran preocupación por el extraño comportamiento de mi hermana, que volvía a parecer una adulta. Pues, regresamos a la biblioteca para que ella pudiera continuar con su trabajo y yo estaba completamente dispuesto a ayudarla y a buscar más información sobre las Damas Blancas y el Duque, la serpiente de Essex…
Una vez dentro de la biblioteca, me dijo: «Ven conmigo, Gerald, hoy trabajaremos en otro lugar, pero debemos tener en cuenta la hora de llegada de la niebla, que es a las siete y treinta y cuatro. Empieza a aparecer por el faro y le cuesta muy poco llegar a MistyHallow, tal como te ha dicho tu amigo Will. Ya son casi las siete y veinte, tenemos prisa, apresúrate». Se me heló la sangre, Will. ¿Anabel hablaba de ti? Ella no conoce el diario. No sabía qué estaba pasando.
Nos escabullimos por los pasillos llenos de libros con olor a rústico de la vieja biblioteca, hasta llegar a la sección de historia local donde habíamos estado la tarde anterior, allí donde ella me había enseñado el pilar de Piedra Negra de Drifolt.
«Estate atento a lo que te diré ahora, Gerald, sabes perfectamente que esto no es un juego». Yo la miraba fijamente a los ojos mientras ella hablaba. Me dio la impresión de que yo era un niño de chupete y Anabel una adulta de setenta años. «Tal como te dije, Gerald, toda la escuela está hecha de piedra negra de los Acantilados de Drifolt, de manera que toda la escuela es un inmenso núcleo de poder, la primera construcción hecha por los malditos Getty. El Duque William la construyó, sabía lo que hacía». Yo la escuchaba callado, atento, estupefacto. «La Piedra Negra tiene muchas propiedades y una de ellas es actuar como una… digamos puerta. Lo que te quiero decir con esto es que la puedes utilizar para ir de un punto a otro sin la necesidad de recorrer la distancia que los separa, pero solo puedes ir a otro lugar que esté hecho con Piedra Negra, ¿me sigues, Gerald?» Estallé, y medio gritando me acerqué a ella. «¿Qué demonios está pasando aquí? ¿cómo sabes todo esto, Anabel? No pareces tú, me estás dando mucho miedo». Entonces me dio un bofetón. «¡Cállate, Gerald! Estás en una biblioteca y sabes que aquí no se puede levantar la voz». Me quedé como un pasmarote, parecía que una abuela me estuviera regañando. «Como iba diciendo, la escuela, el Faro de Cabo Caído, la isla de Foulness, la fábrica de los Getty y el bosque de MystyHallow, recuerda que está sobre los acantilados de Drifolt, están conectados. ¿Lo entiendes, Gerald?» Asentí con la cabeza. «¿Ves este pilar de Piedra Negra?» Yo seguía asintiendo. «Es una de las puertas y ahora entraremos para ir al bosque».

Un escalofrío recorrió mi espalda, no sabía si aquello era real o una pesadilla, pero estaba allí, mirando a Anabel, que me pedía que le diera la mano. «No tengas miedo, estás conmigo y yo te protegeré, pero no te sueltes de mi mano, Gerald. Cuando entremos verás y oirás cosas que no son agradables, no debes hacerles caso, tú solo tienes que seguirme. Mientras no te sueltes de mi mano, no pasará nada, él no te podrá ver. Si te sueltas… puedes acabar en cualquier lugar, incluso más allá del espacio y el tiempo». El miedo seguía invadiendo mi cuerpo, estaba temblando. Anabel puso la mano sobre mi corazón y una sensación de paz me tranquilizó. «Vamos, Will, se hace tarde y tengo que contarte muchas cosas». Entonces, comenzó a recitar una especie de letanía: «Agh’na fhrhun nja cthul la nja Agh’na», repitiéndola una y otra vez. La voz no era la de Anabel, sonaba profunda, gutural, vieja.
Solo recuerdo ver cómo ella me tiraba de la mano y daba un paso en dirección al pilar de piedra negra. Después se hizo el silencio y la oscuridad. No podía ver a mi hermana, aunque sentía cómo su pequeña mano agarraba con fuerza la mía. ¡No podía verla! Pero tenía cierta sensación de paz, no sabría cómo explicártelo. Poco a poco todo pasó de la oscuridad más absoluta a una especie de resplandor muy leve de un color verdoso malsano, no sabía de dónde venía, pero a medida que iba tomando intensidad, vi cómo un pasillo tomaba forma a nuestro alrededor, de las paredes supuraba una especie de viscosidad verde.

Era lo que desprendía aquella especie de fosforescencia repugnante que lo inundaba todo. De repente, ese color verdoso empezó a fundirse con otros colores de una intensidad irreal, aunque podía identificar cada uno de ellos, sabía que todos esos colores no existían en la realidad de nuestro mundo, tenían algo de misterioso, corrupto. Mientras miraba, sentía dentro de mí una inquietud, una ansiedad que me impulsaba a salir corriendo, a soltarme de la mano de mi hermana o de quien fuera esa extraña que caminaba delante de mí. Dudaba de todo, solo quería salir de aquel maldito lugar, volver a casa, no salir nunca más, olvidarme de todo este lío y no volver a pensar en ello. De repente mis pensamientos se interrumpieron, y como un coro en la lejanía, escuchaba un canto, unas voces que poco a poco se iban haciendo más fuertes dentro de mi cabeza, era una locura. «¡No las escuches, Gerald!» escuché que decía Anabel, pero ya era demasiado tarde. Me acordé de ti, Will, mientras esas malditas palabras se repetían en mi cerebro una y otra y otra vez…
Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn.
De repente, me encontré solo, Anabel no estaba allí. Recuerdo sentir un frío que me congelaba el alma; a mi alrededor había tumbas, sarcófagos hechos de piedra negra.

Estaba muerto de miedo. Sentía como si mil ojos me estuvieran observando, pero allí todo estaba muerto. Me fijé en la inscripción del ataúd más cercano: Emili Ann Frank Getty. Entonces lo vi, el apellido Getty estaba por todas partes. Créeme si te digo que había cientos de sarcófagos y todos ellos tenían en común el apellido Getty, se repetía en cada una de las lápidas. ¿Estoy en el panteón de la isla de Foulness? Una vez más, el pánico se apoderó de mí. Comencé a llamar a Anabel, pero ella no estaba, no me respondía. Me quedé plantado mirando mis manos: «La he soltado, la he soltado», me repetía a mí mismo. «¡Estoy perdido!» No sé cuánto tiempo pasé sumido en la desesperación, pero logré calmarme. Entonces lo vi, Will, justo en medio de aquel gran mausoleo había un altar circular con mil y un símbolos grotescos, como de magia. No conocía ninguno, claro que la magia no es lo mío. En el centro de aquel inmenso altar, acostado sobre una fría losa de mármol, yacía un cuerpo incorrupto. Parecía estar durmiendo; su rostro tenía ese color pálido que deja la muerte a su paso, pero estaba claro que no había muerto ayer, y que hacía mucho tiempo que descansaba en ese lugar. Su ropa era de tiempos pasados, como de la época de los reyes, condes y caballeros. Vi que en la base de la losa había una gran placa dorada que decía: William Anne Getty IV Duque de Essex, según la inscripción, murió en 1774. Se me heló el corazón. Poco a poco me acerqué a aquel altar; la curiosidad me podía, era como si una fuerza interior me empujara a acercarme al cuerpo, tenía la necesidad de verlo de cerca. Un paso, dos… Tenía miedo, pero no podía detenerme, el corazón me latía desbocado en el pecho. Tres, cuatro… «Dos pasos más, Gerald», me decía a mí mismo, pero quería salir corriendo de aquel lugar. «¿Qué te está pasando, Gerald? ¡Huye!» me repetía, pero no podía detenerme.
Ya tenía el cuerpo del Duque frente a mí, perfectamente conservado; parecía estar inmerso en un plácido sueño, pero la palidez de su piel hacía evidente su estado. Extendí el brazo para tocarle el rostro, pero justo en el momento en que mis dedos iban a hacer contacto, sus ojos se abrieron e incorporándose de repente, me agarró del brazo por la muñeca. Una voz fría y ronca resonó por todo el mausoleo: «Tú no eres quien quiero, ¿dónde está? ¿Dónde está esa maldita bruja?» Mi corazón se detuvo de repente mientras notaba que el brazo me ardía como si lo hubiera hundido en unas brasas. Enseguida, una luz blanca me envolvió, y lo único que recuerdo es que estaba tendido en el suelo, en plena noche, en medio del bosque. Anabel a mi lado me envolvía el brazo con una venda blanca mientras recitaba unas palabras: «Has estado a punto de ser marcado, Gerald Lee, pero creo que lo he podido solventar, has tenido suerte. Ahora levántate y sígueme». Eso es todo lo que me dijo.
El sol ya se había puesto, la oscuridad hacía acto de presencia, y la espesura de los árboles del bosque comenzaba a tomar formas fantasmagóricas que alimentaban mis miedos. Ella continuaba delante de mí, caminando en silencio, misteriosa, como perdida en sus pensamientos. De repente, llegamos a un claro. Se detuvo y me dijo: «Siéntate, Gerald», señalando un tronco caído que tenía al lado. «Ha llegado el momento de revelarte la verdad, lo que verás aquí y ahora no debe asustarte. He velado por Deall Hall y sus habitantes durante más de doscientos años. Siempre he estado oculta entre vosotros, intentando evitar que él pueda continuar con sus planes. Pero ahora ya no puedo continuar sola; se ha hecho demasiado poderoso y necesito de tu ayuda y la de tu amigo de más allá del tiempo, Will». Sentí como si una fuerza me atara al tronco, era como un peso que me impedía levantarme. Justo después de decir esto, Anabel se tumbó en la hierba, cerró los ojos y en ese momento comenzó a salir de su cuerpo una especie de aura que fue tomando forma hasta materializarse en la silueta vaporosa y resplandeciente de una mujer. Era como uno de esos espíritus que aparecen en las películas de terror. Vestía toda de blanco, llevaba una capa y la capucha le cubría toda la cabeza. Aunque no podía verle la cara, en ningún momento tuve miedo, Will, a pesar de lo extraño de la situación. El cuerpo de mi hermana continuaba tendido en el suelo, inerte. Ella, el espíritu, el fantasma o lo que fuera, se quitó la capucha hasta dejar visible su cara. Fue en ese momento cuando yo, sorprendido, solté un grito ahogado: «¿Es mamá? ¡Es igual que mamá!», pensé. Ella, como si leyera mi pensamiento, dijo: «No, Gerald, me llamo Agnes Lee y soy una antepasada vuestra, de tu estirpe, por esta razón me debo parecer. Hace muchos años, más de doscientos, he poseído los cuerpos de los miembros de nuestra familia para llegar hasta aquí y contarte todo lo que ahora te explicaré». Hizo una pausa larga, como dando solemnidad al momento. «Como ya sabes, las Damas Blancas fuimos acusadas de brujería y perseguidas hasta nuestro exterminio. Yo fui una de las tres últimas que conseguimos mantenernos ocultas de la persecución del Duque William aquí, en el bosque de MistyHallow, ya que este bosque siempre había sido nuestro hogar, lo teníamos bien conocido. Pero había un motivo para que esto fuera así. Una puerta, un portal, le decíamos nosotros, un lugar que debía ser vigilado por el peligro que comportaba. Como ya te he explicado, la Piedra Negra tiene un gran poder y se concentra todo aquí, en un punto del bosque. Sabes que estamos justo sobre los acantilados de Drifolt. Este punto de energía tan poderoso es capaz de crear alteraciones espaciales y temporales, generando puntos de contacto con otros lugares del universo o universos existentes. Este portal, Gerald, puede permitir el paso a nuestro plano de cosas desconocidas, de horrores inimaginables, como aquel que reposa bajo la fábrica. Los Getty supieron cómo manipular la Piedra Negra y consiguieron crear un portal menor y hacerlo pasar a nuestro plano. Todavía no he podido averiguar cómo lo hicieron». Ella me miraba fijamente. «Ellos conocen la existencia del portal aquí en MistyHallow, pero no saben ni dónde está ni mucho menos cómo abrirlo, ya que antes de ser capturadas y ejecutadas, mis dos compañeras y yo lo sellamos después de conseguir robar de las manos del Duque un libro antiguo que contiene los secretos más abominables y oscuros de la magia más negra que te puedas imaginar. Leerlo casi nos hizo enloquecer».Es el Llibre Negre de Ivone. Allí encontramos el conjuro que nos permitiría cerrar el portal, pero requería el sacrificio de aquellas que participaran en el ritual. Teníamos que morir las tres.

Era un sacrificio necesario; si el Duque descubría el portal, sería el fin de todos y de todo. Lo dejamos todo dispuesto tal y como nos indicaba el libro, de manera que cuando la última de nosotras exhalara su último aliento, el portal quedaría oculto y sellado. Una vez hechos todos los preparativos, nos dejamos capturar. Después de ser torturadas y juzgadas, nos condenaron a la hoguera». Calló, la tristeza de sus ojos me rompió el alma. «Se me hace muy pesado contarlo, Gerald. Estábamos las tres atadas a la misma pira, recuerdo el humo que me cegaba los ojos e inmediatamente después el calor sofocante que nos envolvía. Sentí los espasmos de mis hermanas mientras el fuego les arrebataba la vida. Yo fui la última en morir. Pero ya ves, Gerald, mi alma quedó ligada a esta tierra, y desde entonces he continuado velando, para que la puerta no se abra». Se giró para mirar el cuerpo de Anabel y se arrodilló a su lado. «He sido poco discreta, Gerald, y sé que el Duque intuye algo de mi presencia, pero no sé hasta qué punto. Si se entera de mi existencia vendrá por mí, lo que significa que vendrá por Anabel». Calló y me miró. «Siempre he estado ligada al linaje de las mujeres de nuestra familia, solo puedo alojarme en una de ellas hasta la próxima descendiente. Si le pasa algo… si ella… muriera, yo lo haría con ella, aunque eso no debe pasar… el caso es, si Anabel y yo morimos, el portal se volverá a abrir, Gerald, el sello se romperá, y el Duque habrá conseguido lo que quiere, la resurrección y la vida eterna que le prometió aquel que vino de más allá. Y quién sabe lo que pasará con Deal Hall y nuestro mundo». De repente, la neblina comenzó a espesarse a nuestro alrededor.
No puedo decirte qué pasó después, Will, porque me desperté en casa, en la habitación de Anabel, sentado en una silla al lado de su cama mientras ella dormía. Lo que tengo claro es que sé que no fue un sueño, ¿o sí? No lo sé, Will, pero el hecho es que sufro por Anabel. Quiero que crezca, que sea feliz, en tu mundo del futuro. Mira si puedes encontrarla en tu tiempo, Will.
Estoy muy cansado, voy a dormir.
Escríbeme pronto amigo
Gerald
Hoy no he visto a Olivia…


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